
Esta fue, sin duda, la frase grabada a fuego de nuestro viaje a Indonesia. Su autor fue el recepcionista de nuestro hotel, el INGS Garden en Gili Air, mientras se recostaba tranquilamente en su silla, dando sorbos a un fresquito zumo de naranja que también nos ofreció como cortesía de bienvenida.
Y es que Gili Air se siente exactamente así: como un pedazo de paraíso donde la única preocupación real es decidir si alquilar una bicicleta, nadar entre peces de mil colores o tomarte un coco frente al mar.
Gili Air: una isla donde el tiempo se detiene
En las Islas Gili todo es paz, calma y un “buen rollo” constante que se respira en cada rincón.
Los locales trabajan cuando les apetece, y cuando no, simplemente se dejan llevar: una siesta en una tumbona, una charla tranquila o unos minutos mirando el móvil. ¡Qué vida más dura!
Pero ese ambiente tan relajado, junto con su sonrisa permanente, hace que tú también cambies el ritmo sin darte cuenta. Poco a poco, te invade una sensación de bienestar difícil de encontrar incluso en los mejores spas del mundo occidental.
Las Islas Gili: Gili Trawangan, Gili Meno y Gili Air
Las Islas Gili son un pequeño archipiélago formado por tres islas: Gili Trawangan, Gili Meno y Gili Air, situadas entre Bali y la isla de Lombok.
Cada una tiene su propia personalidad, pero todas comparten algo en común: aguas cristalinas, playas de arena blanca y una vida sin prisas.
Un dato importante a tener en cuenta es que en las Islas Gili están prohibidos los vehículos motorizados. No hay coches ni motos, lo que convierte el entorno en un lugar aún más especial.
Cómo moverse por las Islas Gili
En las islas solo puedes moverte a pie o en bicicleta. También existe la opción de los carros de caballos, pero en nuestros viajes tenemos muy en cuenta no participar en actividades donde pueda existir maltrato animal, por lo que no los utilizamos ni los recomendamos.
La mejor opción es, sin duda, alquilar una bicicleta y recorrer la isla entera. Es una experiencia divertida, sencilla y perfecta para descubrir cada rincón.
De hecho, dar la vuelta completa a Gili Air nos llevó apenas media hora… ¡y fue una de las actividades más divertidas del viaje!



Las Islas Gili: diferencias entre Gili Trawangan, Gili Meno y Gili Air
Aunque están muy cerca unas de otras, las tres Islas Gili son muy diferentes entre sí. Dependiendo de lo que estés buscando, será mejor alojarse en una isla u otra.
A continuación te contamos un poco más sobre cada una para que puedas decidir cuál encaja mejor con tu estilo de viaje.
Gili Trawangan – la isla más animada y festiva
Gili Trawangan es la más grande de las tres islas Gili.
Si lo que buscas es fiesta, ambiente y vida nocturna, esta es tu isla. La zona cercana al puerto es bastante animada, ruidosa y puede llegar a estar muy masificada, algo así como una especie de “Ibiza” en sus mejores tiempos.
Dormir en esa zona puede ser complicado si buscas tranquilidad.
Sin embargo, la parte opuesta al puerto es mucho más tranquila, ideal si quieres alojarte en Trawangan pero descansar sin problemas.
Gili Meno – la isla más tranquila y relajada
Gili Meno es todo lo contrario a Trawangan: la más tranquila y menos masificada de las tres islas.
Es perfecta si buscas desconexión total, silencio y relax absoluto.
Eso sí, también es la que menos oferta tiene en cuanto a restaurantes y ocio, por lo que en muchos casos estarás prácticamente “obligado” a cenar en el hotel.
Es una isla ideal para parejas o viajeros que buscan calma absoluta, pero quizá menos recomendable si quieres variedad o movimiento.
Gili Air – el equilibrio perfecto
Gili Air es la isla intermedia en tamaño y, probablemente, la más equilibrada.
No está tan masificada como Trawangan, pero sí tiene suficiente oferta de hoteles, restaurantes y pequeños comercios.
Nosotros elegimos esta isla precisamente por eso. Al viajar con menores, buscábamos un ambiente relajado pero con vida: poder salir a pasear, comprar algunas pulseras, comer helados y disfrutar sin agobios.
Además, encontramos muy buen precio en el Ings Garden, un alojamiento con una ubicación fantástica, muy cerca del famoso Turtle Point, el lugar ideal para nadar entre tortugas.
Gili Air y su vida marina: nadar entre tortugas
Si algo hace famosas a las Islas Gili es su increíble vida marina: aguas cristalinas, formaciones de coral y, sobre todo, la posibilidad de nadar entre tortugas en libertad.
Una experiencia absolutamente inolvidable que convierte a Gili Air en un destino único dentro de Indonesia.



Nuestro tiempo en las Gili era muy muy escaso, pues los días de vacaciones son los que son y debiamos embutir esta experiencia en nuestro viaje por Indonesia, así que tras un maravilloso y refrescante desayuno ….. cogimos nuestras máscaras de snorkel , nuestras cangrejeras y nos zambullimos en busca de aventuras.



Snorkel en Gili Air: nadar entre corales y tortugas marinas
Así, sin más. Sin excursiones organizadas, sin guías, sin barcos que te acerquen a los arrecifes.
Cuando las aguas cristalinas nos llegaron a la cintura, nos colocamos las máscaras y, casi al instante, empezamos a alucinar.
Al principio, los pequeños peces eran marrones, del mismo color que la arena y los corales de la orilla. Pero poco a poco, la corriente nos fue llevando mar adentro, y el paisaje cambió por completo.
Un mundo submarino de colores en las Islas Gili
Ante nosotros apareció un auténtico bosque submarino de corales de colores intensos, meciéndose suavemente al ritmo de las olas.
Entre ellos, miles de peces de formas y tamaños distintos seguían con su vida cotidiana, ajenos a nuestra presencia. Y allí estábamos nosotros, diminutos e insignificantes, contemplando maravillados los secretos de la vida bajo el mar.
La impresión fue tan grande que salimos rápidamente a buscar alguna tienda donde alquilar cámaras acuáticas. Era casi una necesidad vital poder capturar lo que ya sabíamos que quedaría grabado para siempre en nuestra memoria.
El encuentro más mágico: nadar con una tortuga marina
Justo en el momento en el que nos preparábamos para grabar a los peces y corales que teníamos alrededor, ocurrió algo inolvidable: una gran y majestuosa tortuga marina apareció a nuestro lado.
Fue uno de los momentos más increíbles que he vivido jamás.
Nadar junto a una tortuga en libertad es algo difícil de describir con palabras. La emoción fue tan grande que, por un momento, olvidé incluso que tenía que respirar por la boca… y empecé a tragar agua.
Salí a la superficie, me recompuse, y volví a sumergirme.
Y allí seguía ella, tranquila, serena, nadando feliz bajo el mar, como si el tiempo no existiera.



Snorkel en Gili Air: cuando la magia se rompe y el mar se retira
En ese momento empezaron a llegar más personas que habían contratado tours de snorkel por unos 6 €. Y, sinceramente, el ambiente cambió por completo.
Nos agobiamos bastante con tanta gente intentando hacerse selfies con la pobre tortuga o incluso tocándola, con tan poca ética y conciencia. Así que decidimos despedirnos de nuestra compañera marina y alejarnos de la zona.
La sorpresa del mar: cuando la marea te obliga a salir
Pasaban los minutos y seguíamos entusiasmados descubriendo el fondo marino. Tanto, que no nos dimos cuenta de que el mar se estaba retirando lentamente.
Hasta que los corales empezaron a rozarnos las piernas.
Fue el momento de dejar el snorkel para otro día y volver al hotel, esta vez con un objetivo claro: ponernos pomada.
Y sí, el contacto con los corales puede provocar reacciones en la piel debido a la liberación de toxinas. No es exactamente una alergia, pero el sistema inmunológico reacciona al veneno.
En nuestro caso, los síntomas aparecieron casi al salir del agua: ardor, picazón intensa y enrojecimiento. Una sensación bastante desagradable que, en mi caso, llegó a durar incluso meses.
Atardecer en Gili Air: el mejor plan del día
Eran las 16:00 de la tarde y, en agosto, el sol en las Islas Gili se pone alrededor de las 17:00. Así que teníamos apenas una hora para encontrar el mejor lugar donde ver uno de sus famosos atardeceres.
Comenzamos buscando los conocidos columpios en el agua, uno de los planes más típicos y fotografiados de Gili Air.
Pero, siendo sinceros, no somos muy de postureo. Así que decidimos hacer algo mucho más sencillo: hidratarnos con un buen coco en una de las pequeñas terrazas de la zona oeste de la isla.
Y allí, sentados sobre la arena blanca, disfrutamos de uno de los momentos más mágicos del viaje.
El cielo comenzó a teñirse de tonos rosa, naranja y dorado, mientras el imponente Monte Agung de Bali se recortaba en el horizonte.
Un espectáculo diario en las Islas Gili que, aun repitiéndose cada tarde, nunca pierde su magia.




Noche en Gili Air: hambre, playa y vida nocturna bajo las estrellas
Sin haber hecho una comida decente desde hacía tiempo —ya ni recordábamos cuándo— el hambre empezó a apoderarse de nosotros.
Así que decidimos volver al hotel, darnos un baño refrescante en la piscina y después salir a descubrir la pequeña vida nocturna de Gili Air.
Cena en la arena en Gili Air: Mowie’s, un lugar inolvidable
Elegir restaurante no fue tarea fácil. Todos, absolutamente todos, nos parecían apetecibles… y casi todos estaban completos.
Finalmente decidimos dar una vuelta más por la isla para contemplar su espectacular cielo estrellado y ganar algo de tiempo hasta que se liberara alguna mesa.
Y fue ahí donde ocurrió el pequeño flechazo del día: encontramos una mesa disponible en plena arena de la playa, en el restaurante Mowie’s. Un lugar con una cocina mezcla de estilo mediterráneo, pescados frescos y platos indonesios, perfecto para cerrar el día frente al mar.
Chiringuitos en Gili Air: música en directo y ambiente relajado
Terminada la cena, empezamos a caminar sin rumbo fijo hacia el hotel.
En el camino encontramos varios chiringuitos muy animados en la playa, con música en directo y ambiente relajado, como Cheeky Monkey, Lucky’s o Zipp Sunset. Pero el cansancio acumulado era demasiado. El cuerpo ya solo pedía descanso, así que terminamos volviendo al hotel sin mucha resistencia.
Último día en Gili Air: snorkel, corrientes y despedida del mar
A la mañana siguiente nos levantamos temprano, ya que teníamos la lancha de regreso a Bali al mediodía.
Después de un desayuno muy completo en el hotel, salimos con la ilusión de repetir la experiencia de snorkel del día anterior, esperando volver a encontrarnos con nuestra amiga tortuga… o alguna de sus “primas”.
Pero esta vez la suerte no estuvo de nuestro lado. El mar estaba más revuelto, la arena en suspensión reducía la visibilidad y el fondo marino, que horas antes nos había dejado sin palabras, ahora apenas se distinguía.
Además, las corrientes eran mucho más fuertes y nos arrastraban hacia zonas profundas al final del arrecife.
El miedo apareció de forma clara, y esta vez decidimos salir del agua. No sin esfuerzo, pero con respeto absoluto por el mar




Así que, allí estábamos de nuevo, en el puerto esperando subir a la lancha. Si me tengo que llevar algo en mi recuerdo de las islas Gili, sin duda será la sensación de dejarse fluir por la corriente de ese mar en calma.
Nos sentíamos un poco tristes por despedirnos del paraíso pero al mismo tiempo emocionados con ganas de vivir las nuevas aventuras que nos esperaban en la isla de Bali