Yogyakarta: qué ver, cómo llegar a Borobudur y Prambanan y consejos de viaje
Yogyakarta es una de las ciudades más fascinantes de Indonesia, donde la historia y las tradiciones javanesas siguen vivas en sus palacios, mercados, talleres artesanales y espectáculos de danza. Si estás planeando tu viaje, en esta guía completa te contamos qué ver en Yogyakarta, cómo llegar a Borobudur y Prambanan, opciones de transporte, precios actualizados y consejos prácticos para aprovechar al máximo tu estancia.
Una de las dudas más habituales al organizar el viaje es si merece la pena visitar Borobudur y Prambanan en un solo día. Sí, es posible, pero requiere madrugar mucho y contar con coche con conductor durante toda la jornada. En nuestro caso, decidimos separar la visita de los templos en dos días por una razón muy especial: coincidimos con el Día de la Independencia de Indonesia, una de las celebraciones más importantes del país.
El Día de la Independencia se celebra cada 17 de agosto y conmemora la proclamación de la independencia en 1945, marcando el fin del dominio colonial holandés y el nacimiento de la República de Indonesia. Durante esta fecha, Yogyakarta se llena de vida con desfiles, juegos tradicionales, concursos, disfraces y calles decoradas con banderas rojas y blancas.
Si tienes la oportunidad de viajar en estas fechas, te recomendamos organizar tu itinerario para disfrutar tanto de los templos de Borobudur y Prambanan como de esta celebración única. Sin duda, es una experiencia auténtica que te permitirá conocer la cultura local desde dentro y vivir Yogyakarta de una forma mucho más especial.

Dónde alojarse en Yogyakarta y cómo moverse por la ciudad
Nos alojamos tres noches en Yogyakarta, tiempo más que suficiente para disfrutar de la ciudad sin prisas y empaparnos de su ambiente. Llegamos por la tarde en un vuelo procedente de Yakarta, y fue justo ahí cuando tuvimos nuestro primer contacto con una de las mejores herramientas para moverse por Indonesia: la app Gojek.
Desde el primer momento, usar Gojek nos facilitó muchísimo los traslados por Yogyakarta. Es una opción cómoda, rápida y, sobre todo, muy económica, algo que se agradece cuando estás organizando un viaje y quieres optimizar tiempo y presupuesto. Tanto para trayectos cortos por la ciudad como para desplazamientos más largos, se convirtió en imprescindible durante nuestra estancia en Java.
Además, no podemos dejar de decirlo: la gente en Yogyakarta es increíblemente amable y trabajadora. Siempre con una sonrisa, dispuestos a ayudarte y a hacerte sentir bienvenido. De hecho, la experiencia fue tan buena que decidimos organizar el día siguiente directamente con uno de los conductores: quedamos con él para que pasara a recogernos y llevarnos a visitar el impresionante templo de Borobudur.

Borobudur: el templo budista más grande del mundo cerca de Yogyakarta
A apenas 40 km al noroeste de Yogyakarta se alza uno de los monumentos más impresionantes de toda Asia. Hablamos de Borobudur, el templo budista más grande del mundo y, sin duda, una visita imprescindible en cualquier viaje a Indonesia.
Se trata de una imponente pirámide escalonada de unos 35 metros de altura que deja sin palabras desde el primer momento. Desde su cima, las vistas son simplemente espectaculares: el paisaje se abre en todas direcciones hasta alcanzar las faldas del cercano volcán Merapi, uno de los más activos del país.
Construido alrededor del año 800, este templo fue levantado utilizando piedra volcánica procedente de las erupciones del Merapi. Su estructura no es casual: Borobudur está diseñado como un gigantesco mandala, símbolo espiritual del budismo que representa el camino hacia la iluminación.
A medida que asciendes por sus terrazas, vas recorriendo ese camino simbólico. Sus muros y escalinatas están decorados con cientos de relieves y figuras de Buda —cerca de 500 en total— que narran enseñanzas, historias y principios de la fe budista. Es uno de esos lugares donde no solo miras, sino que sientes.



Cómo visitar Borobudur: horarios, acceso y consejos prácticos
El acceso a la cima de Borobudur está bastante regulado, algo que, sinceramente, se agradece para preservar este impresionante templo. Solo pueden subir grupos reducidos de un máximo de 150 personas, siempre acompañados por un guía oficial del propio recinto. Las visitas salen cada hora a partir de las 08:30, así que conviene organizar bien el día para no quedarse sin plaza.
La visita dura aproximadamente una hora y el ascenso es bastante sencillo, apto para casi todo el mundo. Además, los guías lo hacen muy ameno y, lo mejor de todo, te dejan tiempo suficiente y bastante libertad para disfrutar del lugar y hacer fotos increíbles (de esas que luego dan mucha envidia), siempre, eso sí, respetando el entorno y las normas del templo.
Un detalle curioso que nos encantó: antes de acceder a la parte superior, te entregan unas upanat, unas sandalias tradicionales tejidas con hojas de pandan y coco. Es obligatorio ponérselas para proteger la piedra del desgaste, y la verdad es que le da un toque aún más especial a la experiencia..

Cómo llegar desde Yogyakarta a Borobudur: transporte y consejos prácticos
Si te estás preguntando cómo llegar desde Yogyakarta a Borobudur, tienes varias opciones según tu presupuesto y el tiempo del que dispongas.
Si buscas comodidad y rapidez, lo mejor es contratar una excursión privada o usar apps como Gojek, que fue la opción que elegimos nosotros. Es, por así decirlo, el “Uber indonesio”, y resulta muy práctico para moverte sin complicaciones.
Ahora bien, si prefieres una opción más económica, también puedes llegar en transporte público. Los autobuses 2A y 2B pasan por la calle Malioboro y te llevan hasta la estación de Jombor. Una vez allí, tendrás que preguntar por el bus que va directamente a Borobudur. Puede parecer un poco caótico porque la señalización en Indonesia no es precisamente su fuerte, pero la gente es muy amable y la estación es pequeña, así que al final resulta más fácil de lo que parece.
A la hora de planificar tu visita a Borobudur, hay varios detalles importantes que debes tener en cuenta. Por ejemplo, los lunes no está permitido el acceso a la parte superior del templo. Además, el número de visitantes está limitado a 1.200 personas al día, por lo que si viajas por libre —como hicimos nosotros— es muy recomendable comprar las entradas con antelación (incluso con dos meses) a través de la web oficial. De lo contrario, puedes quedarte sin acceso a la cima, que es, sin duda, la parte más mágica del templo.
Después de hacer (sin exagerar) unas 300 fotos, tocaba salir del recinto… y ahí empezó otra pequeña aventura. Llegar hasta el parking donde nos esperaba nuestro conductor no fue tan sencillo como parecía. Tras un corto trayecto en un trenecito, nos dejaron en un mercado interminable, lleno de puestos y vendedores que no dudan en acercarse para ofrecerte recuerdos: sobre todo las típicas miniaturas de campanas con budas en su interior, hechas con la misma piedra volcánica negra del templo.
Finalmente, siguiendo las señales de salida —creo que contamos al menos 20 flechas distintas— conseguimos encontrar a nuestro chófer. Con un inglés perfecto y una simpatía arrolladora, logró convencernos para hacer una parada inesperada: visitar una plantación de café Luwak. Y así, sin haberlo planeado, en cuestión de diez minutos nos encontramos probando uno de los cafés más caros y exóticos del mundo.
Kopi Luwak: el café más caro del mundo (y su curioso origen)
El Kopi Luwak es conocido por ser el café más caro del mundo, pero también uno de los más exóticos tanto por su origen como por su proceso de elaboración.
Se trata de un café gourmet que se obtiene a partir de las cerezas del cafeto en su punto óptimo de maduración… con un pequeño “detalle” que lo hace único. Estas cerezas, frutos carnosos de color rojo o púrpura (y en raras ocasiones amarillo), contienen en su interior dos granos de café. Aquí entra en juego la civeta, un pequeño mamífero que selecciona de forma natural los mejores frutos y se los come.
Durante el proceso digestivo, los granos no se destruyen, pero sí sufren una modificación química gracias a las enzimas del estómago del animal, lo que reduce su amargor y altera su perfil de sabor. Posteriormente, estos granos son recogidos por agricultores locales, lavados cuidadosamente y sometidos a un tostado ligero para conservar sus matices originales.
Y voilà… tenemos uno de los cafés más exclusivos del mundo. Lo curioso es que, mientras en muchos países una taza puede costar entre 80 y 100 €, en Indonesia puedes probarlo por un precio mucho más asequible. En nuestro caso, nos costó apenas 1,50 €, toda una experiencia sin dejarnos el sueldo.
Prambanan: cómo visitar el templo hinduista cerca de Yogyakarta
El segundo día lo dedicamos por completo a visitar Prambanan, el templo hinduista más grande de Indonesia y uno de los más impresionantes del sudeste asiático, solo por detrás de Angkor Wat, en Camboya. Además, está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Prambanan se encuentra a unos 17 km de Yogyakarta, aunque el tiempo de trayecto puede variar bastante según el medio de transporte. En nuestro caso, utilizando Gojek, tardamos algo más de 30 minutos. Si optas por transporte público, el trayecto puede alargarse hasta unos 50 minutos.
Una opción económica y bastante utilizada es el sistema de autobuses Trans Jogja, que conecta la ciudad con los principales puntos turísticos de los alrededores. Para llegar a Prambanan, tendrás que tomar la línea 1A, y para regresar a Yogyakarta, la línea 1B.

Qué ver en Prambanan: historia y significado de sus templos
Los Prambanan no son solo un templo, sino un impresionante conjunto de cientos de estructuras —muchas de ellas en ruinas— que forman uno de los complejos hinduistas más importantes del sudeste asiático.
Este recinto está dedicado a la Trimurti, la manifestación divina en el hinduismo compuesta por tres figuras principales: Brahma (el creador), Visnú (el conservador) y Shiva (el destructor).
Aunque no se conoce con exactitud la fecha de su construcción, se cree que Prambanan fue levantado a mediados del siglo IX, durante el mandato de la dinastía Sanjaya. Curiosamente, su construcción se produjo poco después de la de Borobudur, lo que refleja un cambio religioso en la región: el regreso al hinduismo tras un periodo de predominio budista.
Recorrer Prambanan es como viajar en el tiempo. Entre templos derruidos y estructuras parcialmente restauradas, se percibe la grandeza de lo que fue este complejo en su época y la importancia espiritual que tuvo —y sigue teniendo— en la isla de Java.
Lo más común es visitar únicamente la zona principal, donde se encuentran los templos de Brahma, Vishnu y Shiva, pero en el recinto encontramos otros templos que merece la pena visitar, remarcando el complejo de «Candi Sewu», un enorme templo budista mucho menos frecuentado. Igualmente, el recinto cuenta con un pequeño museo, aunque la mayoría de las explicaciones solo está en el idioma local.





Otras cosas que hacer en Yogyakarta
Indonesia ofrece muchísimo al viajero inquieto, pero nosotros tuvimos pocos días, así que solo pudimos explorar Yogyakarta durante un par de tardes libres, después de visitar sus dos grandes templos: Borobudur y Prambanan. A esto se sumó el Día de la Independencia, festivo nacional, lo que hizo que muchos edificios y lugares de interés estuvieran cerrados al público durante ese día y los posteriores.
Aun así, nos animamos a recorrer la ciudad por nuestra cuenta, perdiéndonos por callejuelas estrechas y acercándonos a distintos monumentos… hasta que, con una amabilidad increíble, los guardias de seguridad nos fueron indicando —muy educadamente— que no podíamos pasar más allá.
Kraton: el Palacio del Sultán de Yogyakarta
Uno de los lugares más importantes de la ciudad es el Kraton Yogyakarta, el palacio del sultán, una residencia de estilo javanés construida a finales del siglo XVIII. Aquí vive el sultán de Yogyakarta, que también actúa como gobernador de la ciudad.
Con el paso del tiempo, el complejo ha ido creciendo tanto que ha terminado absorbiendo parte del barrio, y hoy en día a su alrededor se mezclan restaurantes, escuelas, talleres y pequeñas tiendas, lo que le da un ambiente muy vivo y auténtico.
Sabíamos que el palacio no es comparable a otros grandes palacios del mundo, como los de Estambul, pero la curiosidad pudo más. Así que nos acercamos a recorrer sus alrededores, hasta que un guardia nos invitó —con una sonrisa impecable— a salir, de la forma más amable posible.
Y es que la gente en Indonesia es así. Nos acompañó incluso hasta la taquilla, que obviamente estaba cerrada, y nos explicó el precio de las entradas, el tipo de vestimenta necesaria para acceder y cómo funciona la visita.
Cuando le contamos que era nuestra última tarde en Yogyakarta y que ya no tendríamos tiempo de visitarlo, tuvo el detalle de ofrecernos una pequeña explicación sobre la historia del palacio, los pabellones principales y los espacios donde se celebran conciertos y danzas javanesas.
Sinceramente, nos quedamos con eso: con la sensación de que la amabilidad en Indonesia no es algo puntual, sino una forma de estar en el mundo. Algo de lo que, probablemente, todos deberíamos aprender un poco más.




Taman Sari: el Castillo del Agua de Yogyakarta
El Taman Sari, también conocido como el Castillo del Agua, es un antiguo complejo de piscinas, fuentes y jardines situado a unos 2 kilómetros del Kraton Yogyakarta. En su origen formaba parte de los jardines reales del sultán y era un lugar de descanso y recreo para la familia real.
Su arquitectura mezcla influencias javanesas, coloniales y holandesas, lo que le da un carácter muy particular. A pesar de su belleza, el paso del tiempo y los fuertes terremotos han hecho mella en el conjunto, y hoy en día solo se conserva en buen estado la piscina principal de las cuatro zonas de baño que llegó a tener.
En nuestro caso, no pudimos visitarlo por dentro ya que se encontraba cerrado, algo que nos dio bastante pena, porque es uno de esos lugares que teníamos muchas ganas de ver. De hecho, hay quien lo compara con la Alhambra de Granada por su estética y su atmósfera, aunque en un contexto completamente diferente.
Aun así, incluso desde fuera, Taman Sari conserva ese aire de misterio y belleza decadente que lo convierte en uno de los rincones más interesantes de Yogyakarta.

Calle Malioboro: el corazón comercial de Yogyakarta
La calle Malioboro Street es la arteria comercial más importante que ver en Yogyakarta. Una avenida vibrante, siempre llena de vida, donde se mezclan comercios locales, tiendas de batik, puestos callejeros y el famoso mercado tradicional de Beringharjo Market.
Aquí es fácil perderse entre ropa, recuerdos, comida local y puestos de zumos de fruta… algunos con una higiene un poco cuestionable, todo hay que decirlo. Pero esa mezcla caótica forma parte de su encanto.
La calle está alineada de norte a sur con el Kraton Yogyakarta y el volcán Merapi, dos símbolos muy importantes para la cultura javanesa, que representan el equilibrio entre la vida y la muerte.
Parque Alun Alun: los árboles mágicos de Yogyakarta
El parque Alun Alun Kidul es uno de esos lugares donde la vida local se mezcla con las tradiciones más curiosas de la ciudad.
En su centro se encuentran los llamados “árboles mágicos”: dos enormes árboles que, según la leyenda, solo pueden atravesarse con éxito si lo haces con los ojos vendados y consigues pasar justo por el centro. Si lo logras, dicen que tienes el corazón puro.
Nosotros lo intentamos, claro. Ese día era festivo y no había nadie en el puesto donde normalmente alquilan las vendas, así que improvisamos: cerramos los ojos y allá que fuimos, entre risas y sin tener muy claro hacia dónde íbamos.
El parque tiene mucha vida a cualquier hora. Por la noche se llena de coches iluminados con miles de luces y música, creando un ambiente muy animado. Durante la tarde, en cambio, es territorio de familias y niños, que llenan el espacio con cometas.
Algo que nos llamó muchísimo la atención en Indonesia es precisamente eso: las cometas. Algunas son gigantescas, hechas incluso con materiales sencillos como bolsas de plástico, pero llenan el cielo de colores y movimiento. Una imagen muy difícil de olvidar.






