Como los días anteriores estuvimos disfrutando de los maravillosos templos de Borobudur y Prambanan en Yogyakarta decidimos viajar en tren hasta la población de Malang.

Existen multitud de opciones para llegar a la zona volcánica del Este de Java. Lo más rápido es coger un vuelo doméstico hasta Surabaya, ciudad que se encuentra a poco mas de 100 km del volcán Bromo. Pero si buscar reducir tu presupuesto desde Yogyakarta tienes la opción de un bus nocturno que tiene unas 11 horas de duración aproximada. También hay diferentes opciones para poder visitarlos volcanes de Bromo y el Ijen. Las mas comunes es con un tour organizado desde Probolinggo, Malang o Surabaya, las tres ciudades situadas alrededor del Parque Natural del Bromo y también salen desde Yogyakarta e incluso desde Bali, pero ten en cuenta que vais a tener que hacer muchas horas de carretera en una camioneta compartida con otros viajeros y que las excursiones van a ser de una dureza extrema. Otra opción es hacerla por libre y dormir en el pueblo de Cemoro Lawang. Tras mucho investigar y estudiar esta opción, llegamos a la conclusión de que no queríamos ser timados por las mafias de las compañias de traslados y taxis y finalmente decidimos por coger una excursión organizada y solo puedo decir que fue espectacular, de las mejores cosas que puedes hacer en Java y sin preocupaciones de nada.

Malang es un lugar para descansar y coger fuerzas antes de la gran aventura: Podemos darnos una vuelta por sus dos calles principales y salir a cenar en sus numerosos restaurantes. La verdad es que me quedé con ganas de visitar la ciudad un poco más, pero solo llegar a la estación empezó a caernos un aguacero de los que solo se pueden ver en Asia. Tras negociar el precio con varios conductores que te atosigan de tal forma que no puedes ni respirar y subiendo los precios de forma descarada al necesitar el transporte para no terminar empapados, llegamos a nuestro hotel, en una especie de camioneta al mas puro estilo Indiana Jones cuyas puertas se cerraban con una simple cuerda y un tablero de madera.

Nos hospedamos o mejor dicho pasamos unas horas en el Hotel Trio Indah 2 Malang, un maravilloso hotel de 3***, posiblemente el mejor de la zona, y por solo 20 € la habitación doble. A pesar de la inmensa lluvia, salimos a ver las calles comerciales de la ciudad y cenar un poco pues nos esperaba una larga noche.

Muchos hoteles ofrecen las excursiones al monte Bromo, pero al viajar en temporada alta y con la facilidad a la hora de elegir excursiones a través de nuestra agencia de viajes, teníamos claro que debíamos coger la excursión con suficiente antelación. Nuestro tour constaba de 2 días teniendo todos los extras incluidos, como 1 noche de hotel, el desayuno, guías expertos en la zona, excursiones en jeep, alquileres de equipos, alquiler de máscaras de gas… Y el precio por 1.650.000 IDR, unos 100 euros al cambio por persona

El Monte Bromo

Tras descansar un par de horas en el hotel, ni siquiera deshicimos la cama, cuando a las 12 de la noche no avisan de que empezaba nuestra aventura por la tierra de fuego.

Partimos desde Malang un pequeño grupo de 8 personas en una furgoneta bastante cómoda para ser Indonesia. Mis hijos se durmieron solo subir pero tanto a mi marido como a mí, el recorrido me pareció de lo mas extraño debido a la alta velocidad que llevaba el joven conductor. Llegamos a un pueblecito donde nos esperaban unos jeeps, tan viejos que no arrancaron. Los veíamos discutir entre ellos y como no sabemos indonesio, pues les preguntamos en inglés qué es lo que ocurría, pero ellos no hablaban inglés, así que nos subimos de nuevo a la furgoneta y nos llevaron a otro lugar en medio del frondoso bosque de cañas de bambú donde empecé a dudar si había sido buena idea llevar a mis retoños a ese inhóspito lugar. Al menos había parado de llover.

La imaginación nos había jugado una mala pasada. Nos llevaron a un albergue que dirigía la empresa por si queríamos ir al baño y mientras acomodaron varios jeeps, dejamos las maletas y tras distribuirnos empezamos de nuevo nuestras andaduras en un Land Cruiser para nosotros cuatro por El Parque Nacional del Bromo.

Y aquí empezó la carrera, estos señores que conducen los mas de 3000 jeeps que se juntan en lo alto de la colina del Monte Penanjakan, no sabrán inglés pero son unos conductores que me la juego yo con el Carlos Sainz. El espectáculo de miles de jeeps corriendo por un infinito mar de arena, el de la caldera de Tengger, para poder coger un buen sitio para ver el amanecer fue una experiencia brutal.

Nuestro guía nos intenta comunicar que estamos llegando al viewpoint a 2770 metros del Monte Penanjakan, el lugar desde donde vamos a contemplar el Bromo en todo su esplendor, a la luz del amanecer. O esa era la idea pues de nuevo empieza a llover con fuerza. Salimos del jeep con nuestros chubasqueros, son las 03:30 y hace bastante frío por lo que nos tomamos un café de sobre en un warung, (pequeño puesto de comida local) para mantenernos calientes. Para de llover, aunque nos tememos que no vamos a poder disfrutar de ese fantástico amanecer anunciado en todas las guías de viaje de la zona.

Poco a poco nos vamos abriendo paso entre la multitud, que ya se agolpa en el mirador a la caldera de Tengger y al Bromo para ver amanecer. A pesar de la niebla o eran nubes bajas, el ambiente de la gente es muy agradable y festivo sabiendo todos que no íbamos a poder ver ese famoso paisaje lunar.

Una tenue luz se asoma a las 05:00 de la mañana por el horizonte dibujando la línea de varios de los volcanes del Gunung Bromo, la gente emocionada estalla de alegría, pero de nuevo, otra vez la niebla nos imposibilita disfrutar de tal espectáculo. Cansados, mojados y tiritando de frío, volvemos a nuestro jeep. Desilusionados nos dormimos unos minutos mientras el jeep nos alejaba del Monte Penanjakan. Al despertarnos no me lo podía creer, un sol radiante nos enseñaba ese paisaje lunar que la niebla no nos lo había permitido ver antes, Impresionante !!!! pero la sorpresa no venía sola.

Nos bajamos de jeep y empezamos a caminar por un infinito mar de ceniza teniendo como telón de fondo el cráter activo del Bromo. El camino es fácil y tranquilo hay jinetes indonesios montando pequeños caballos que se ofrecen a llevarte hasta el gigantesco cráter. La subida al cráter es fácil, cansada pues tienes que subir mas de mil escalones pero no tiene riesgo. En el último tramo, las piernas te empiezan a fallar y el corazón te va a mil por hora y no solo por el cansancio, sino por el olor a huevos podridos que desprende el azufre y el ruido atronador del volcán.

Os aseguro que fue una de las mejores experiencias que he vivido en mi vida. Llegar a la cima del cráter y sentir ese olor a pólvora, el humo en mi cara y ese ruido a turbina de avión me dejó sin palabras. Poder contemplar las entrañas de un volcán activo fue una experiencia religiosa. Y hablando de religión, en los pies del cráter existe un templo de origen hindú, donde los indonesios venden flores como ofrendas para mantener en calma la furia del volcán Bromo. Así que contribuimos a mantener su calma y arrojamos nuestro ramillete al Bromo.

Nos subimos de nuevo al Jeep y volvimos al albergue donde nos estaba esperando el conductor jovencito con nuestras maletas y una cómoda furgoneta que nos llevaría hasta el Ijen.

El Kawah Ijen

Empezamos nuestra ruta de 6 horas. Tras una breve parada en una especie de estación de servicio en medio de no se donde, llegamos al homestay situado en plena selva de la meseta del Ijen y rodeados de plantaciones de café.

Nos preocupaba un poco como sería nuestro lugar de descanso ya que el hotel entraba en el pecio de la excursión y por tanto, no podíamos elegir. Íbamos preparados para lo peor, convencidos de que mientras tuviera un lugar para poder dejar caer nuestros maltrechos cuerpos durante las pocas horas que nos guardaban hasta la próxima salida, los lujos los dejaríamos para otro momento. Y nada más lejos de la realidad, llegamos un pueblecito con solo una calle y casas en ambos lados desde las cuales elaboran y mas tarde venden en pequeños carritos de madera, sus tan sabrosos platos tradicionales a base de tofu frito, plátano frito, arroz frito, fideos fritos…. Todo muy frito.

Nuestro Juda homestay se ubicaba en el centro de la calle y estaba construido en pequeñas y humildes casitas de madera de solo una habitación y baño privado, y un jardín que respetaba la flora selvática de la zona. Tras dejar las maletas en la habitación quisimos salir para el pueblecito y estirar nuestras cansadas piernas, pero una intensa y tropical lluvia nos hizo volver al hotel para cenar en su terraza un mie goreng (fideos fritos).

El sonido de la lluvia, al caer sobre las palmeras, y ver el viento meciendo a las cañas de bambú era todo un espectáculo para nosotros que no habíamos disfrutado nunca de un paisaje selvático, pero a nuestro pesar, tuvimos que marcharnos a dormir un poco si queríamos levantarnos en menos de 4 horas para otra noche de aventuras.

Empezamos la expedición al Kawah Ijen. Sobre la 1 de la mañana, llegamos a la entrada del Parque Nacional donde nos aguar

daban nuestros 2 rangers, Frankie, un hombre de una edad avanzada pero con un espectacular estado físico que encabezada el grupo y por tanto, no lo ví en todo el recorrido y el otro ranger, un jovencito muy agradable que me dió conversación durante todo el recorrido para que no me viniera a bajo y resistiera la dura subida a la cima.

El Kawah Ijen se visita a pie. Es una ascensión en plena noche de 3 horas de duración para Frankie y seguidores y de 4 horas para mí. El camino está marcado y es bastante regular pero su inclinación es brutal. el reccorrido no es excesivamente largo, son cerca de 2,5 km de ida y se regresa por el mismo lugar. Sin embargo tiene una inclinación del 40%, por lo que si haces números verás que para los más preparados, te sale a mas de 1 hora el Km. Pero, ¿ vale la pena todo ese esfuerzo? Cada vez que mi cuerpo quería sucumbir a la tentación de sentarme en el suelo y llorar como una niña pequeña, entonces miraba el cielo, un cielo lleno de las extrañas e irreconocibles estrellas del hemisfero Sur y volvía a mover mis cansadas piernas hasta volverme a detener a mirarlas a los siguientes 10 metros.

Sobre las 5 de la mañana llegué al cráter del Ijen, mi familia creo que llegó casi una hora ante,s pero allí estaba, dispuesta a visitar el interior del cráter y descubrir uno de los dos únicos misterios de la naturaleza del planeta, el blue fire. El fuego azul son los gases de sulfuro que emite el volcán y que se ven azules en la noche. Los mineros extraen el azufre que se genera en condiciones peligrosísimas.

Bajamos por el interior del cráter con ayuda de las linternas. Si el ascenso al cráter fue durísimo, nada que ver con con el descenso al interior del cráter, un angosto y estrecho desfiladero solo iluminado por los centenares de turistas que con nuestras lucecitas formábamos un camino de luciérnagas.

Como el viento es muy potente en los bordes del cráter, es el momento de ponernos nuestras máscaras de gas que llevavamos incluidas en el tour. El fuego azul es mágico y espectacular. Pero las condiciones para verlo son muy extremas y los vientos tan fuertes que a pesar de las máscaras, la irritación en ojos y nariz y garganta es bestial sobre todo en los momentos en que el viento gira en tu contra. Ahora tocaba subir el desfiladero, cada paso costaba el doble, la garganta te escocía y el aire no entraba en los pulmones, solo tenías ganas de salir corriendo de allí, de abandonar esa sensación en un paisaje dantesco de humo, piedras y azufre.

Llegamos de nuevo a la cima y tras el mareo por el esfuerzo, el olor a azufre y el cansancio extremo, nos dirigimos al refugio para protegernos de un gélido viento y una temperatura de 4ºC. Justo empezaba a amanecer así que apretujados para entrar en calor esperamos entre turistas y nativos en plena revelación del Nirvana, a poder disfrutar de la laguna azul. Tierra, agua y fuego, todo a nuestros pies.

A los pocos minutos de la salida del sol comienza el espectáculo y poco a poco el color azul del lago fue cogiendo el tono turquesa que lo caracteriza, los rayos de sol fueron calentando el entorno y a nosotros, y el lugar fue cobrando otro aspecto más espectacular y menos infernal.

No se si fue por la subida de la temperatura, el ir cuesta a bajo, o bien que me pude reunir con mis peques y escuchar su vivencia en el Ijen, pero el descenso me pareció bastante llevadero. El cansancio escondido entre las risas y la emoción se hizo presente a la llegada al parking donde nos estaban esperando los lugareños de la zona con fruta indonesa fresca como rambutanes, huevos de serpiente, fruta del dragón, coco joven, piñas… que compramos ávidos de vitaminas. Eran las 07:00 y llevámos 12 horas sin comer y realizando un esfuerzo extremo. Allí nos despedimos de nuestros guías y con la furgoneta nos llevaron al hotel donde recogimos las maletas dispuestos a coger el ferri que nos llevaría a la isla de Bali. Montados ya en el ferri salí a cubierta para echar la vista atrás y despedirme llena de felicidad por la fortuna de visitar estas dos maravillas de la naturaleza javanesa, los maravillosos volcanes Bromo y el Ijen.

Nuestra siguiente parada, serán unos días descansando en la isla Gili Air pero eso ya, es otra historia…